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EL PESCADOR Y SU ALMA

OSCAR WILDE

 

"Cuando pasé por el patio, rne miraron desde una galería dos mujeres veladas, lanzándome tremendas maldiciones. Apretaron el paso los guardias, y Resonaban las conteras de sus lanzas en el suelo lustroso. Una puerta de labrado marfil abrieron, y me vi en un pensil dispuesto en siete terrazas. Todo estaba lleno de .tulipanes en tiestos, y de girasoles, y de áloes tachonados de plata. En el aire fosco se abría, como un junquillo de cristal, un surtidor de agua clara. Eran como apagadas teas los cipreses. Cantaba en uno de ellos un ruiseñor.

"Se alzaba un pabelloncito al extremo del jardín. Cuando nos acercábamos, dos eunucos salieron a nuestro encuentro. Se bamboleaban sus obesos cuerpos al andar, y me miraban con curiosidad, de reojo, -con sus ojos de amarillentos párpados. Uno de ellos llevó aparte al capitán de la guardia, y en voz baja cuchicheó con él. Quedóse el otro mascando pastillas aromáticas, que con afectado gesto tomaba de una ovalada cajita de esmalte violeta.
"Poco más tarde el capitán de la guardia licenció a los soldados. Estos retornaron al palacio, siguiéndoles lentamente los eunucos que, al pasar, arrancaban dulces moras de los árboles. En una oportunidad, el de más edad de los dos sonrióme con pérfida sonrisa.
"El capitán de la guardia, entonces, indicóme la entrada del pabellón. Sin el menor temblor en mi cuerpo avancé, y entré, apartando la pesada cortina.
"Se hallaba reclinado el joven emperador sobre un lecho de pintadas pieles de león, con un gerifalte en la muñeca. Se encontraba detrás de él un nubio, desnudo hasta la cintura, con turbante de bronce y pesados aretes. Junto al lecho, encima de la mesa, se veía una gran cimitarra de acero.
"Al verme, el emperador frunció el entrecejo, y me dijo:
"—¿Cómo te llamas? ¿No sabes que el emperador soy de este país?
"Pero yo nada le contesté.
"Con el dedo indicó la cimitarra, y la empuño nubio, y abalanzándose contra mí me asestó un tajo terrible. Zumbando pasó la hoja a través de mi cuerpo sin causar el mínimo daño. Rodó el hombro por el suelo, y al incorporarse, castañeteaban sus dientes de terror, y corrió a ocultarse detrás de la cama.
"Se puso en pie el emperador, y de un astillero asiendo una lanza, contra mí. la .arrojó. La tomé yo al vuelo y el astil quebré en dos pedazos. Una flecha contra mí disparó, y alcé las manos y en el aire la detuve. Desenvainó entonces un puñal que pendiente llevaba de su cinto de cuero blanco, y la garganta del nublo apuñaló, para que el negro no pudiera referir su afrenta. Se retorció el esclavo como una serpiente pisoteada, y brotó a borbollones de sus labios una espuma rojiza.
"No bien hubo muerto el nubio, el emperador volvióse hacia mí, y luego de enjugarse la transpiración que perlaba su frente con una orlada toallita de seda bermeja, me dijo:
"—¿Acaso eres un profeta, que no puedo herirte, o el hijo de un profeta, que hacerte daño no puedo? Te ruego que te alejes de mi ciudad esta misma noche, pues en tanto permanezcas tú en ella, yo no soy su señor.
"Y yo le contesté:
"—Me iré a cambio de la mitad de tus tesoros. Entrégame la mitad de tus tesoros, y me alejaré de tu ciudad.
"Me tomó entonces de la mano y me llevó fuera del jardín. Maravillado quedó el capitán de la guardia, al verme. Cuando me vieron los eunucos, sus rodillas flaquearon, y con esos gordinflones dieron en tierra.
"Existe una estancia en el palacio que tiene ocho muros de rojo pórfido, y un techo de bronce artesonado, del que cuelgan varias lámparas. El emperador tocó uno de los muros, y el mismo se abrió, y descendimos por un pasillo alumbrados por innumerables teas. A uno y otro lado, en nichos, se veían grandes cántaros, hasta el borde repletos de monedas de plata. Dijo el emperador, al llegar al medio mismo del pasillo, la palabra que no puede ser dicha y giró una puerta de granito sobre un resorte oculto, y se cubrió él el rostro con las manos, por temor a que sus ojos quedasen deslumbrados.
"Nunca podrías imaginarte el sitio maravilloso que era. Había enormes caparazones de tortuga, rebosantes de perlas, y huecas selenitas de enorme tamaño, amontonadas con rojos rubíes. Estaba almacenado el oro en arcas de piel de elefante, y el oro en polvo en botellas forradas de cuero. Ópalos y zafiros había; los primeros en copas de cristal, y en copas de jade los segundos. Verdes y redondas esmeraldas se hallaban colocadas en orden en bandejas de marfil, y había en un rincón grandes bolsas de seda, con turquesas unas y otras con berilos.
"Rebosaban de amatistas purpúreas los cuernos de marfil, y -de calcedonias y ¡sardios los cuernos de bronce. Estaban cubiertas las columnas, que eran de cedro, de sartas de belóculos ocres. Se hallaban los carbunclos en oblongos escudos planos, los carbunclos del color del vino y del color de la hierba. Y ni siquiera he podido enumerarte la décima parte de lo que había allí.
"Y cuando se hubo retirado el emperador de su rostro las manos, me dijo:
"—Es éste mi tesoro; y como te lo te prometido, tuya es la mitad del mismo. Y te de darte camellos y camelleras, que han de acatar tus órdenes y llevarán tu parte a cualquier punto del mundo al que se te ocurra ir. Y todo ha de quedar listo esta misma noche, pues no desearía que el Sol, que mi padre es, viera que mora en mi ciudad un hombre al que no puedo matar.
"Pero yo le contesté:
"—El oro que aquí hay, tuyo es, y tuya también la plata, y las piedras preciosas, tuyas también. No las necesito para nada. Ni otra cosa aceptaré de ti que no sea ese anillo, que en el dedo llevas.
"Y frunció el emperador el ceño, y exclamó:
"—j Se trata de un anillo de plomo sin valor alguno ! Toma, por lo tanto, la mitad de mi tesoro, y márchate.
"Yo-repliqué:
"—No; no aceptaré sino ese anillo de plomo, pues me consta lo que escrito se encuentra en su parte interior, y con qué fin.
"—Tembló el emperador, y .me imploró, diciendo:
"—Toma el tesoro íntegro, y aléjate de mi ciudad. Y la mitad mía, también tuya será.
"E hice entonces una cosa por demás singular... Pero, no hace al caso lo que entonces hice, pues en una gruta, que no dista de aquí más que un día de marcha, oculto tengo el anillo de la Riqueza. Sólo un día de marcha dista de aquí y te aguarda. Quien ese anillo posea, más opulento será que los reyes todos de la tierra. Ven y tómalo, y han de ser tuyas todas las riquezas del mundo. -• Pero se echó a reír el joven pescador.--——---
Y exclamó:
—Es el amor mejor que la riqueza, y la sirenita me ama.
Y el alma dijo:
- —No, no hay nada mejor que la riqueza. El joven pescador replicó:
—Mejor es el amor.

 
 
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